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Sophie Berrebi: Me gustaría volver a tu niñez
y ver cómo se determinó tu carrera como artista. Tu padre era
un pintor importante en Yugoslavia, y desde niño pintabas y
realizaste exposiciones. Más tarde dejaste el mundo del arte
y te convertiste en campeón de esquí, y al retomar el arte lo
hiciste de manera conceptual ¿Podrías decir que era inevitable
convertirse en conceptualista, teniendo en cuenta un trasfondo
que podría compararse, por ejemplo, al de Yves Klein, con padres
tan implicados en el arte contemporáneo? De alguna manera, ya
conocías todos los trucos del negocio.
Braco Dimitrijevic: Pienso que eso es real para muchos artistas,
para Yves Klein, para Gordon Matta-Clark, para muchos que tomaron
posturas radicales. En cualquier caso, conoces las reglas del
juego desde el comienzo. Puede parecer que uno llega a ser consciente
de esto luego, pero de alguna forma, intuitivamente quizás,
conoces esto desde el comienzo, sucede que uno se relaciona
mejor con el arte pasado.
¿De que otras formas tu pasado ha influenciado
sobre tus primeros trabajos? ¿Cómo nace la idea
del transeúnte ocasional [a partir de 1968]?
Bueno, hubo dos razones: una es que en mi niñez
estuve rodeado constantemente de obras de arte, no solo las
de mi padre, sino también las de artistas del siglo XIX
ya que mi abuelo era coleccionista. Así fue como además,
en mi entorno, había mucha gente de especial importancia
en el ambiente del arte y la cultural. A lo largo de mi niñez
y adolescencia, estos personajes se convirtieron en personas
normales y cotidianas, así que en vez de intentar encontrar
el mismo ambiente en los lugares en que me moví más
tarde, mi idea fue la de trabajar con personas desconocidas,
gente anónima que conocería o seleccionaría
al azar para mi obra. Ellos incorporaron en mí cierto
principio creativo que probablemente haya sido ignorado en el
transcurso de la historia. La persona desconocida que tienes
al lado podría ser un gran poeta, o un gran inventor...
el desconocido es el campo más rico de todos, pues lo
desconocido no tiene ningún límite, ninguna frontera.
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¿Te has familiarizado alguna vez con estas figuras anónimas
que han compuesto el tema de tus trabajos, los gigantescos retratos
que has colgado en espacios públicos, los monumentos
que has erigido a los transeúntes, o las placas conmemorativas
en las fachadas de los edificios? ¿O solo resultaron
una cara o un nombre?
En realidad no sé lo que hacen. Nunca se
los preguntaría, esto nos deja una puerta abierta. Solo
especularía sobre lo que hacen o dejan de hacer. Sin
embargo, recuerdo dos ocasiones. Una persona en Holanda se acercó
un día a Rudi Fuchs [entonces director del Stedeljik
van Abbemuseum en Eindhoven], este tenía deseos de
realizar un viaje alrededor del mundo en una balsa, y quería
usar como vela el retrato gigante que yo le había hecho.
En la otra ocasión, yo daba una conferencia en Alemania,
y un caballero mayor vino a mi clase, cuando le pregunté
por qué había elegido la mía -ya que había
tres o cuatro artistas más que daban conferencias en
el mismo lugar-, él respondió que había
venido luego de que oyera sobre mí a través de
un "transeúnte casual" que había sido
parte de mi obra en Düsseldorf. Siempre existen este tipo
de conexiones invisibles.
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Estos trabajos crean una especie de conexión
poética entre la gente, ellos crean historias que no
existirían de otra manera. Tengo la sensación
que un trabajo como tu "monumento portátil"
[una placa de piedra que lleva la inscripción "Éste
podría ser un lugar de importancia histórica",
instalada por primera vez en los edificios lindantes a la St
Martins School of Art en Londres, en 1971], actúa de
manera similar, pero con lugares en vez de con gente.
Este trabajo se conecta a la idea que cualquier
lugar bajo circunstancias especiales puede ser históricamente
importante, o que cada imagen podría convertirse en la
imagen del siglo. Es a veces como de un acuerdo y otras una
cuestión de suerte, en donde el azar resulta tener algún
control mayor e invisible. Pienso que realmente hay muchos elementos
que entran en juego al decidir cuál podría ser
el acontecimiento del siglo, o quién podría ser
de importancia histórica.
Mientras que tus trabajos sobre los transeúntes
ocasionales y los monumentos portátiles resultan virtuales,
piezas inmateriales basadas en la casualidad o el anonimato,
la serie de trabajos que comenzaras a partir de 1978, por ejemplo
el "Tryptichos Post Historicus", es muy sólida,
muy pesadas, te involucras mucho más en el sentido tangible
del tiempo cultural y el espacio. ¿Cómo te desplazas
de una clase de trabajo a otra?
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Los trabajos del transeúnte y las fotografías
de los lugares en donde el monumento portátil es instalado
intentan acentuar la importancia de cada sitio, de cada segmento
de una época, de cada persona y de su posible contribución
y creación en la historia. En el museo, hago instalaciones
que consisten en la combinación de una reconocida obra
maestra, normalmente asegurada en millones de dólares
y todo riesgo, y objetos diarios tales como frutas o verduras.
Estos poseen una clase de conexión particular. En los
trípticos se le da igual importancia a cada elemento,
sin importar su valor material. En este lazo triangular, uno
puede ver cómo los elementos son perfectamente capaces
de medirse entre sí. Una manzana en la cocina no es igual
que una manzana junto a una pintura de Cézanne, se tiene
una extraña sensación al ver un objeto cotidiano
cuando está al lado de una pintura. Asimismo se percibe
de manera diferente una manzana cuando al mismo tiempo está
al lado de otro objeto cotidiano y de una pintura. Por eso,
de alguna manera, estas instalaciones son como el universo en
miniatura, porque tienes una representación de dos diferentes
aspectos de la vida: cultural y natural. Y dentro del cultural
encuentras dos categorías distintas: la vida diaria es
representada por el objeto cotidiano, y las pinturas simbolizan
los valores espirituales (aunque no solo los valores espirituales),
porque éstas son las connotaciones que tiene el arte
en nuestra cultura. La idea es dar con que hay un significado
muy complejo en cada segmento de los trípticos, como
pues cada partícula del universo tiene un significado
especial. El tríptico es en mí la metáfora
de algo mucho mayor.
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Encuentro, además, que muchos de los objetos que utilizas
tienen una característica atemporal ¿Podrías
ejemplificar cómo actúa esta metáfora en
tu obra?
Ciertamente la tienen. Cuando puse la bicicleta
junto a una pintura de Kasimir Malevitch [suprematista ruso
de principios de siglo], alguien podría haber pensado,
por ejemplo, en el contraste entre las circunferencias de las
ruedas de la bicicleta y el cuadrado pintado por Malevitch,
pero también podría estar sugiriendo cierta giro,
una especie revolución. Esta obra en particular con la
bicicleta, el Cuadrado Rojo y Negro de Malevitch y un melón
amarillo situado en el mismo pedestal, es un trabajo que básicamente
trata del zeitgeist de 1914, momento en que esta pintura fue
hecha, pero posiblemente también de la rueda de la bicicleta
de Marcel Duchamp, así como también de la teoría
de la relatividad de Einstein, que vuelve a llevarnos a 1914.
Pienso que si observaras detenidamente esta imagen, verías
como en primer lugar está el gran recuadro negro en la
parte superior de la pintura, y luego el rojo levemente inclinado.
En el tríptico, ese cuadrado rojo se extiende hacia el
melón amarillo, dándole un amplio espectro de
colores, indicando el espectro del arco iris. Esto insinúa
cierta percepción del cielo y, automáticamente,
evoca al espacio de manera abstracta, que es en donde conectamos
a Einstein. Entonces, mientras que las ruedas y la forma de
la bicicleta sugieren un movimiento horizontal, tienes un arco
casi vertical formado por los colores del arco iris, del negro
al rojo y al amarillo.
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Pero al mismo tiempo, tu no quieres hacer comentarios
acerca de la belleza natural y artificial...
Hay algo importante de entender, y es que en estos
trabajos no planteo ecuaciones, equivalencias que digan "manzana
igual a bicicleta igual a pintura". Mi ambición
es justamente remarcar sus diferencias y el hecho de que cada
elemento u objeto tiene su propia belleza y significado. Pienso
que la visión que tengo de las cosas es la de decir que
no están divididas en dos categorías: aquellas
que son hermosas y aquellas que no, o las que son significativas
y las que no. La idea es precisar que hay una complejidad y
una riqueza en cada elemento que nos rodea. Recuerdo la historia
de una persona en Dresden, en 1945, que cambió una pintura
de Tintoretto por cuatro botellas de vodka. Es una historia
real. Esto muestra como hay situaciones y contextos en los cuales
alguien puede encontrar cuatro botellas de vodka más
importantes que una pintura de Tintoretto. Si alguien piensa
que puede salvar su vida haciendo tal trueque, que no parece
tener sentido en otro contexto, pues debe ser conciente que
solamente tiene una vida y que ésta es en definitiva
la única manera de juzgar las cosas.
¿Podrías decir que en estos trípticos
hay una clase de proceso de "hágalo usted mismo",
en donde el espectador podría traer todos los elementos
y crear su interpretación de la relación personal
de los objetos y de su conocimiento o aprecio por obras maestras
de arte?
Pienso que ese es básicamente el caso de
toda obra. Si buscas una pintura especializada en el campo del
color, por ejemplo, tomas amarillo, negro y un toque de verde,
luego haces con ellos lo que quieras. Yo pienso en el arte como
la base para la reflexión, y en definitiva siempre acabas
por involucrarte cuando te enfrentas a la obra. Así,
en lugar de usar elementos como el amarillo, el negro y un punto
verde, yo juego con otros.
¿Con objetos quieres decir?
Sí. Y pienso que en mis trípticos
existe una acumulación de miles de años de gente
creando el vocabulario que utilizo para construir el significado
de mis propias obras.
¿Esto no es como insinuar que todo ya
está dicho? ¿No es esta una actitud posmoderna?
En realidad no. Pienso que el lenguaje del arte
tiene que llegar a ser más complejo. Por ejemplo, si
tomas la paleta de un pintor tradicionalista, toma por ejemplo
a Matisse, la tendrás llena de colores: negro, rojo,
verde, amarillo, etcétera, etcétera... y tomas
ahora mi propia paleta, encontrarás pinturas ya hechas,
esculturas, refrigeradores, bicicletas... Quizás esta
clase de procesos sea más evidente en filosofía
o en literatura.
¿Esto es lo que se suele llamar intertextualidad?
Sí. No he llegado a la definición de Culturescape
[en 1978] por nada. Es bastante sintomático mirar
el momento en que llegué a la definición de Culturescape.
Esa definición que di a mediados de los '70, en donde
planteaba que nuestro ambiente no es espacio físico sino
herencia cultural, es realmente significativa, porque los avances
tecnológicos se han ido asimilando desde el Neolítico.
Yo no defino al ambiente como el entorno físicos sino
como historia o cultura.
Para terminar, podrías contarme acerca
de una obra que posees: tu retrato por Joseph Beuys, hecho por
una chaqueta de cuero rellena de latas en los bolsillos.
Es una chaqueta de aviador con un dibujo de un
avión. Compré esta chaqueta en King's Road en
Londres, luego Beuys reconoció que esta era una chaqueta
de vuelo original [usada por la Royal Air Force durante la
segunda guerra mundial] y él decidió dibujarle
un avión.
¿Refiere a la peligrosa condición
del artista de por vida, viviendo en una situación precaria?
Probablemente sí, es tal vez una suerte
de kit de supervivencia.
(*) Sophie Berrebi es crítica de arte y vive en París.
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