Artes plásticas

Néstor Villar Errecart (*)



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Es el comienzo de un luminoso día primaveral en Mar del Plata. Llego a la casa-taller del artista algunos minutos antes de lo previsto. Me ofrece acomodarnos en un pequeño living, pero le pido que charlemos en su taller. Atravesando la cocina ingresamos al patio, y una angosta escalera nos conduce a la habitación donde obras terminadas y otras a medio hacer se predisponen como silenciosos protagonistas de nuestro diálogo. Me llama la atención una de ellas y se la señalo.

E-¿Cómo elegís los colores?
VE-No los elijo... Es la mancha, sin ningún tipo de orden ni sentido: en éste manché la mitad o un poco más, lo que vendría ser la Tierra y el Cielo, aunque no sé cómo quedará después. Luego, lo coloco en el caballete y juego con las sugerencias de la mancha hasta que aparecen algunas imágenes y formas, y así continúo trabajando. Me lleva uno, dos o tres días.

E-No sabés en qué va a terminar, no tenés una idea preconcebida.
VE-Pero termina habiendo una continuidad de una obra con otra, porque hay imágenes que tengo dentro: mi escenografía, donde vivo, el entorno, la fuerza de la naturaleza, el mar, el campo, la sierra, que evidentemente son importantes para mí, es lo que necesita salir.

E-Me atrevería a hablar de una concepción poética, porque a partir de la naturaleza, de los paisajes, con tu trazo vas escribiendo una poesía.
VE-Eso es, voy transmitiendo pictóricamente las sugerencias que me da la naturaleza.


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"...Yo me apartaba un poco de lo que se enseñaba en la escuela, seguía trabajando y descubriendo cosas, siempre hacia una tendencia más abstracta..."
"...Hubo un período en que tuve una enorme crisis expresiva, no sabía qué me pasaba; esto fue en el año '72, '73. Subía al taller, manchaba, y al día siguiente, borraba. Recordé entonces que alguna vez un viejo maestro me dijo: "Cuando estás así, tratá de volver a tus fuentes, a las cosas que te estimulen". Entonces descubrí qué me proporcionaba la naturaleza; la cantidad de tonos y estructura que tiene el mar, permanentemente cambiantes; las sierras; los campos sembrados de trigo y girasol..."


E-¿Hasta la década del 70 habías estudiado con maestros?
VE-En la época que empecé no había nada, el maestro Urruchúa venía una vez por mes y teníamos que esperar que volviera. Había tomado clases con un pintor francés que vivía en Mar del Plata, se llamaba René Hart, escultura con José Alonso y Sepulcio Tidone, un gran escritor y escultor y una gran persona, y terminé siendo alumno de Forte. Fui periódicamente a Buenos Aires pero creo que el maestro final que he tenido y tengo es la naturaleza. Fijate que el artista no ha utilizado la naturaleza más allá de los impresionistas. Arrancó con ellos, aparece una pintura de taller -como el desarrollo cubista- y luego no volvió. Con mis alumnos periódicamente salimos con los caballetes a trabajar al aire libre, a una plaza, sintiendo la luz.

E-¿Pintaste delante del paisaje, o tu obra es una creación inspirada en él?
VE-Más que pintar, lo que hacía eran bocetos; trabajaba, pero sin ordenar la composición, ya que después le daba el ordenamiento en el taller. Sin quedarme totalmente condicionado por la naturaleza, pinto lo que la naturaleza me sugiere y me da.

E-Las personas en tus obras permanecen casi como un punto en el horizonte.
VE-Claro, mis personajes son secundarios en la obra, lo principal siempre es la naturaleza; es como lo siento. Y siempre aparece un ciclista en mi pintura.

E-Lo he notado, ¿por qué?
VE- Creo que son imágenes pegadas en mi inconsciente: mi padre fue corredor de bicicleta; en una época en Mar del Plata se la usaba mucho, pero ahora es un peligro.

E-¿Cuándo sacaste el Gran Premio de Honor?
VE-El Gran Premio de Honor lo saqué en el '99; en el '91 había sacado el primer premio, después tuve en el '77 el del Sívori; en el '76 el Leguina; en el '72 había obtenido una mención.

E-¿Cómo te fue en la búsqueda de relacionarte con las galerías de Buenos Aires?
VE-Es un tema bastante conflictivo para el pintor, y creo que no sólo para el del Interior. Pareciera que hay muchas galerías, pero en realidad son pocas, y hay mucho ofrecimiento de artistas. A mí me costó. Tenía premios importantes, había ganado uno de los premios de la Academia Nacional de Bellas Artes: la Academia tenía el Palanza y el Tres Arroyos, yo fui invitado a participar y gané el Tres Arroyos, y me parecía que a partir de ahí podía tener posibilidad de acceder a una galería... pero no fue así. Hasta que fui a una inauguración que había en la galería Zurbarán en el '75 ó '76, en una pequeña galería en la calle Posadas casi Libertad, subiendo una escalerita; ahí conocí a Nacho (N. de R.: Ignacio Gutiérrez Zaldívar), quien ese verano vino a ver mis pinturas, y al año siguiente empecé a trabajar con él, en la galería de Cerrito. Luego de cinco años pasé a Wildenstein, hasta que cerró. Después se hizo difícil incorporarse a las otras galerías, porque siempre sobran buenos artistas; no es que no tenga espacio donde exponer, lo tengo, pero no es fácil.

E-¿Dónde está la dificultad?
VE-En primer lugar, te repito que hay pocas galerías para gran cantidad de buenos artistas; en segundo lugar, las galerías siguen pensando mucho más en sus beneficios económicos que en producir el desarrollo artístico de determinadas camadas de artistas. Los galeristas siguen aferrados a los viejos maestros, sin producir una promoción de camadas intermedias. Creo que es un error, porque detrás de todo esto uno no debe olvidarse que colgar una muestra en una galería significa producir un hecho artístico-educativo, más allá de que a alguien le guste el cuadro.

E-No son muchas las galerías que trabajan solamente grandes maestros...
VE- Me refiero a las que realmente se preocupan por sus artistas. Otra de las que se preocupa es Praxis: los promueve, los hace conocer, los traslada, lleva sus obras al interior del país, es lo que se conoce como la función de marchand; pero las otras galerías no, todo termina cuando terminó la exposición. Wildenstein era muy atractiva porque era la única galería internacional que había en Buenos Aires, y posibilitaba los contactos fuera del país.

"...A mí me preocupa enormemente el desarrollo educativo, la principal falencia que tenemos como país. Acá no hay gente para dirigir museos..."


E-No eras el artista del Interior que llega a Buenos Aires, sino el que pasó Ezeiza...
VE-En el '86 participé como representante argentino en la Bienal Internacional de México. Después del '86 gané un concurso y pasé a una galería en Miami; eso me permitió hacer contactos en Nueva York y en Washington. Hice una muestra en el '88, en el Banco Interamericano de Desarrollo. Firmé contrato con una galería canadiense, fui invitado por una escuela de arte de Nueva York, con la Universidad de Washington, a estudiar los desarrollos educativos; así que aprendí mucho, conocí mucho y me fue muy bien pictóricamente.

E-Además das clases...
VE-Tengo enseñanza en Mar del Plata y Buenos Aires, soy profesor de la Universidad. Está todo bien, pero no como uno quisiera.

E-Como en todos los rubros...
VE-He trabajado mucho para que me fuera bien y me fue bien, puse todos mis sentidos en lo que hacía, me considero un profesional en todo sentido, tengo una buena disciplina de trabajo, y eso ha sido fundamental en toda mi carrera: trabajar y no perder la inspiración. Como decía Picasso cuando le preguntaron qué opinaba acerca de si existía la inspiración y contestó que sí, pero que lo tiene que encontrar a uno trabajando. A mí me toma trabajando siempre. Me arrimo a los creadores, intento aprender de los maestros, y sigo haciéndolo. Creo en la posibilidad de mejorar; eso forma parte de mis pautas profesionales, seguir evolucionando como artista.

E-¡Qué importante! Además tendés un puente, porque les transmitís lo mismo a tus alumnos...
VE-A mis alumnos les transmito lo mismo, intento darles la misma disciplina de trabajo para que puedan tener pautas claras de lo que tiene que ser su camino. Esta época es mucho más dificil que la mía, los que pretenden vivir del arte están más condicionados e influenciados por el entorno, porque la vida hoy los empuja a que hay que acceder rápido a todo, aun a la computación y a lo que signifiquen esas manifestaciones técnico-virtuales. Nosotros nunca le dimos importancia a ningún maestro. En Mar del Plata tuvimos dos grandes, uno Castagnino y el otro Piazzola; deberíamos tener una escuela a partir de las propuestas, de las imágenes y el pensamiento de Castagnino, y otra a partir de las propuestas de Piazzola. Sin embargo, no las tenemos. Eso es un ejemplo de lo que pasa en el país. Tampoco tenemos una escuela alrededor de Borges.

E-Bueno, pero por lo menos hay museos a los que le pusieron sus nombres...
VE-¡Ah, eso sí!

E-A propósito, fuiste director del Museo Castagnino.
VE-Sí, del '92 al '95. Después pasé a ser director de Cultura.

E-¿Qué experiencia te dejó ser director de un museo en Mar del Plata?
VE-Muy buena, tuvimos que trabajar mucho, el museo se estaba cayendo, hubo que reconstituirlo de afuera y de adentro, el personal, las pautas de funcionamiento. Trabajamos mucho en muestras educativas, con los colegios, les dábamos abundante tarea a los chicos y ellos venían mucho al museo. Gracias a la ayuda de empresarios amigos, que sirvieron de sponsors, trajimos muestras importantes: hicimos una de Russo, una retrospectiva de Berni, en la que tuvimos una fantástica concurrencia de gente, donde trabajaron mucho los chicos y los adultos. A los adultos los estimulábamos a contar un cuento a partir de una obra de Berni. No pasa solamente por colgar una muestra, hay que generar propuestas educativas para la comunidad. Por más que sea un gran maestro, no sirve si no le damos participación, no solamente visual sino activa, por parte de la sociedad. Lamentablemente no hay continuidad en las propuestas, ni para mantenerlas ni para mejorarlas.

E- Como director de Cultura, ¿no pudiste continuar implementando esto?
VE-Trabajaba mucho con la Orquesta Sinfónica. Cuando estaba practicando yo llevaba chicos de colegio para que dibujaran la música; entonces los chicos se acostumbraban a sentir sonidos de música que no era la corriente. Hice el primer Festival Piazzola en Mar del Plata durante los Juegos Panamericanos; fue realmente una semana fantástica, todo con música de Piazzola. Mar del Plata debía terminar todos los años con este festival, pero todo empieza y todo termina, nada sigue.

E-¿Por cuestiones políticas?
VE-A veces, equívocamente, por problemas políticos: lo que hizo el anterior no puede hacerlo uno.
A mí me preocupa enormemente el desarrollo educativo, la principal falencia que tenemos como país. Acá no hay gente para dirigir museos, ¿bajo qué pautas se nombra a un director de museo? En Brasil existe una carrera creada por una Universidad y el Museo de Arte Moderno de Río, donde se termina siendo administrador cultural; la conozco porque estuve a punto de hacerla, y quise traerla. Entonces, uno sabe qué significa administrar una institución cultural: una galería, un museo, un centro cultural. Así, si tengo que elegir un director, sé como hacerlo, tengo pautas para ello. Acá no hay pautas para elegir a nadie en una institución cultural, salvo que sea alguien que estuvo estudió en otro lado.

E-¿Mar del Plata durante el año tiene vida cultural y artística o renace solamente de diciembre a marzo?
VE-Hay una actividad cultural muy dispar, dispersa, sin orden; en Mar del Plata uno prácticamente no puede ver muestras importantes de arte como en Buenos Aires porque no vienen; en realidad, no hay dónde hacerlas. Vengo de exponer en Rafaela, Santa Fe. Rafaela debe tener noventa mil habitantes, y tiene cuatro museos con una actividad intensa, uno de ellos antropológico, donde no se puede creer la cantidad de piezas, el ordenamiento y el desarrollo educativo que tiene. Además, tuve que dar charlas también, con lo cual cada artista que va no solamente muestra lo que hace sino que transmite lo que sabe. La comunidad está acostumbrada a eso. En el Museo de Artes Plásticas de Rafaela permanentemente tienen exposiciones importantes, hay un museo fotográfico espléndido y hay un Museo de los Inmigrantes. En Mar del Plata no hay uno así, siendo una ciudad con una estructura fundamentalmente inmigrante, sobre todo de las comunidades italiana y española. Las escuelas no participan, los maestros y profesores no llevan a los chicos a ver exposiciones. Lo sé porque tengo alumnos de primer año de la universidad y no saben qué es una exposición de arte. Hay estructuras fundamentales para una sociedad: uno podrá olvidarse en qué año nació Van Gogh, pero no puede olvidarse qué hizo; o quién fue y qué hizo Berni. Sabemos históricamente qué ha pasado con las comunidades a partir de los hechos estéticos del arte emanados de ellas: recordemos qué hizo el habitante de las cuevas de Altamira, cómo necesitaba expresarse. Otro tema preocupante es el condicionamiento expresivo que hay en las escuelas con los chicos: las maestras no saben cómo manejar la forma naturalmente expresiva que tenemos; es más fácil llevarlo a un lenguaje adulto. Por ejemplo, frente a una mancha indescifrable el chico le dice al adulto que es una flor, entonces la maestra lo corrige: "La flor no se hace con una mancha indescifrable, sino que se hace así", y ahí comienza su condicionamiento expresivo. Este es otro terrible error: la mala formación de los que forman el lenguaje expresivo, que es absolutamente natural en el individuo, lo traemos de fábrica. Hay comunidades que han hecho de esa forma expresiva un desarrollo enorme, como las africanas, con su cuerpo, con el sonido; nosotros seguimos admirando el sonido africano a través de la música, o su cuerpo a través de las manifestaciones atléticas. Eso es una manifestación natural, la naturaleza se los da.

E-Pareciera que estuviéramos muy imbuídos de un espíritu autoritario...
VE-Sí, totalmente condicionante: "La flor es esto y desde ahora la vas a hacer así, ¿entendiste?"


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(*) Néstor Villar Errecart nació en Mar del Plata, Argentina, el 17 de mayo de 1937. Su formación plástica ha sido orientada en pintura por los Maestros René Hart, Demetrio Urruchúa y Vicente Forte, y en escultura por Sepulcio Tidone y José Alonso. Se ha desempeñado como director de Taller de Arte, escuela de enseñanza artística para adultos y adolescentes, con talleres en Mar del Plata y Buenos Aires, como también ha sido profesor titular de la cátedra de Elementos de Información Visual en la Universidad FASTA de Mar del Plata. Su carrera docente se ha enriquecido como invitado a The Art Students League de New York y The Howard University en Washington DC. También ha ocupado los cargos de director del Museo Municipal de Arte Juan Carlos Castagnino y Subsecretario de Cultura de la Municipalidad de Mar del Plata.

Sus obras figuran en importantes colecciones privadas y museos, tales como el Banco Interamericano de Desarrollo, The Howard University, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, el Museo de Bellas Artes de La Plata, entre otros. Ha expuesto en galerías, museos y centros culturales de Argentina y el exterior, y obtenido a lo largo de los años gran cantidad de distinciones, entre las que se destacan el Gran Premio de Honor de Artes Plásticas de Buenos Aires en 1999, el Premio Lobo de Mar a la Cultura en 1992, el Premio Giovanna de Firenze en 1990 y el Premio Neptuno en 1979.




Para contactarse con Néstor Villar Errecart: villarerrecart@yahoo.com.ar


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