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A mediados de marzo estuve leyendo una antología
del poeta hindú Rabindranath Tagore, quien recibió
en 1913 el Premio Nobel de Literatura. Hoy, luego de
seguir la escasa información que los medios de
comunicación argentinos han dado sobre el barco
de bandera nigeriana que supuestamente transportaba
a 250 niños esclavos, recordé un poema
de aquella lectura:
¿Sabe alguien de dónde viene el
sueño que pasa, volando, por los ojos del niño?
Sí. Dicen que mora en la aldea de las hadas;
que por la sombra de una floresta vagamente alumbrada
de luciérnagas,
cuelgan dos tímidos capullos de encanto,
de donde viene el sueño a besar los ojos del
niño.
¿Sabe alguien de dónde viene la sonrisa
que revuela por los labios del niño dormido?
Sí. Cuentan que, en el ensueño de una
mañana de otoño,
fresca de rocío, el pálido rayo primero
de la luna nueva,
dorando el borde de una nube que se iba,
hizo la sonrisa que vaga en los labios del niño
dormido.
¿Sabe alguien en dónde estuvo escondida
tanto tiempo la dulce y suave frescura que florece
en las carnecitas del niño?
Sí. Cuando la madre era joven,
empapaba su corazón de un tierno y misterioso
silencio de amor,
la dulce y suave frescura que ha florecido en las
carnecitas del niño.
UNICEF estima que tan sólo en Africa oriental
y central existen unos 200.000 niños víctimas
del tráfico de menores. Los chicos son vendidos
por sus padres a los traficantes, quienes luego los
"colocan" como sirvientes o trabajadores en
plantaciones de cacao y café donde son explotados
o violados. Pero no sólo en Africa existe la
explotación de menores, en todos los continentes
nos encontramos con niños vendiendo en las calles,
trabajando en condiciones infrahumanas en granjas, fábricas
y barcos pesqueros, o en redes de explotación
sexual.
Lamentablemente los gobiernos no se preocupan en tomar
medidas adecuadas para eliminar el tráfico y
la explotación de menores. Las iluminadas mentes
líderes de los países desarrollados y
el séquito de súbditos conformado por
los mandatarios de las naciones tercermundistas se limitan
sólo a denunciar hacinamiento de la población
en determinadas áreas; explicando que estas aglomeraciones
demográficas originan pobreza y marginación,
causas esenciales para el incremento del crimen, la
prostitución y el trabajo infantil.
Eduardo Galeano escribió en su libro Úselo
y tírelo (1994): "Cada vez son
más los niños marginados que, según
sospechan ciertos expertos, nacen con tendencia al crimen
y la prostitución. Ellos integran el sector más
peligroso de los excedentes de población. El
niño como amenaza pública, la conducta
antisocial del menor de América, es el tema recurrente
de los Congresos Panamericanos del Niño desde
1963". En lugar de pasarse décadas debatiendo
y elaborando respuestas que sólo promueven cambios
de forma, los gobiernos tienen la responsabilidad y
obligación de encontrar verdaderas soluciones
estructurales y de fondo para combatir la explotación
de menores.
Solamente promoviendo la cultura, desarrollando la
educación, elaborando leyes contra el trabajo
infantil, podremos darle a las familias aquellas herramientas
que les permitan tomar sus propias decisiones. Entonces,
acaso, logremos un mundo en el cual nos volvamos a preguntar
al igual que Rabindranath Tagore: "¿Sabe
alguien de dónde viene la sonrisa que revuela
por los labios del niño dormido?"
/fvp
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