| Semanas atrás sentí deseos de hacer un reportaje a una
persona que no fuera conocida en el ambiente cultural europeo. Por diferentes
medios intenté dar con alguien que despertara mi interés (y el de los lectores),
y el devenir hizo que encontrase a un desconocido fotógrafo argentino que desde
hace más de un año pasea sus trabajos con relativa suerte por Europa. Confieso
que jamás hubiera creído que los resultados de mi entrevista me incitarían a escribir
un texto apologético para mi entrevistado, cosa que hice sin demora y con entusiasmo
luego de concluir nuestro diálogo y conocer en profudidad su obra, con el principal
objetivo de abultar su currículo (¡hay que ver las vanas exigencias del mercado!).
(...)
Me reuní con QNLEO, así se hace llamar este joven de
24 años, en el Puerto de Alicante, un sitio plagado de arquitectura catalana,
perfumes veraniegos, varios idiomas, y lozanía a granel. Nos presentamos cordialmente
y de inmediato comenzó a relatarme la sorpresa que lo embargó desde que había
recibido mi llamada invitándolo a realizar esta entrevista. Luego hablamos acerca
de las obras que yo había podido ver gracias a la paradójica internet y del material
que conseguí relacionado con sus exposiciones.(...) (...)
KH: ¿Cómo elabora su fotografía? ¿Qué pretende con ella? Q:
(...) Enseñar lo que no sé. Quiero decir... Cuando pienso en las imágenes que
deseo crear, mi mente cavila en imágenes... Muy rara vez le otorgo apriori
a mis fotografías fundamentos teoréticos, o excesivas interpretaciones. Mi fotografía
es generada en un mundo imaginario en donde la palabra y la razón parecen estar
escondidas o disminuidas. Ése mundo es sensible..., sentimental, podría decirse.
Pero no se confunda, no me refiero con esto al sentimiento epidérmico, sino al
instintivo, es decir, a la emoción frente a la intuición de una realidad, a la
intuición de un momento existente "quién sabe por qué casualidad ocurrida dónde"
como decía Man Ray. Cada fotografía que realizo pretendo que sea única. Claro
que mi pretensión es inútil, pero a veces esa intensión deja un residuo más o
menos válido, y es solo en esos casos cuando proyecto la luz sobre el papel sensible,
y hago la copia de fotografía. KH: Sin embargo, cada fotografía
suya es indivisible del resto. Si bien la mayoría de sus imágenes es diferente
la una de la otra, existe una conexión invisible pero presente en todas ellas,
como si estuvieran hermanadas en el detenimiento que proponen. Q:
Eso significa que no he perdido el tiempo, o mejor dicho, que he perdido menos
del que imaginaba...
KH: Un crítico escribió acerca de la exposición
que realizaste el año pasado en Dinamarca que "Su fotografía
recuerda más a una colección pictórica que fotográfica".
¿Compartes esta apreciación?
Q:
Sí, es posible... Es posible que todo lo que fotografío tenga un proceso similar
al de una tela, y que el cuarto oscuro, la ampliadora y los químicos, sean los
pinceles y los acrílicos. Muchas veces transcurro horas y horas en el laboratorio
para conseguir un determinado valor de gris... Y ya que menciona los cuadros,
recuerdo que Picasso aborrecía "al artista pintor", en referencia a los hombrecillos
que se paraban todas las mañanas en la rivera del Sena a representar la naturaleza
que tenían enfrente. En mi caso, y salvando las insalvables distancias, yo no
simpatizo con el "artista fotógrafo", aquel que constantemente imita lo que ve
o lo que le proponen las cosas... Considero a la expresión algo tan valioso, y
al mundo algo tan extraño, que me parece una picardía no intentar ir más allá
de lo "sabido" o lo visto, por ello también es que experimento con nuevas (viejas,
algunas) técnicas y emulsiones fotográficas. Son atractivos los resultados de
los experimentos, le otorgan a la imagen ciertos rasgos primitivos de casualidad
que serían imposibles conseguir de otro modo. Hasta ahora muchos resultados han
sido infructuosos, aunque he obtenido otros muy prometedores. KH:
(...)¿Cuáles son tus influencias en el mundo de la fotografía? | Q:
No lo sé, no creo tener influencias muy identificables. Digamos que, incluso contra
mi voluntad, todo lo que he visto, todo lo que escuché y leí, lo fui asimilando
de una u otra manera. Desde las teorías estéticas, la literatura minimalista,
los museos, hasta las composiciones de los más grandes creadores, me han servido...,
o mejor dicho, yo me serví de ellas. Detesto el concepto de especialidad. Si debiera
hablar de mis influencias tendría que definirme como un ecléctico cultural. Mi
eclécticismo intenta ser amplio y no es necesariamente secular, quiero decir,
no es ámbito exclusivo de seres aprobados por la Historia. De hecho, en mi viaje
a Dinamarca y luego en Hungría tuve la fortuna de conocer a personas muy valiosas
para mí, las cuales me enseñaron cosas importantes. Dos creadores que probablemente
nunca traspasarán las fronteras de sus ciudades, pero que sin duda merecerían
hacerlo porque lo que tienen para ofrecer es universal y muy valioso. Pero ya
sabemos que desgraciadamente este mundo es de quien nace para conquistarlo y no
de quien cree merecer conquistarlo, por mucho que tenga razón. |
KH:
¿Son palabras de Pessoa? Q: Sí, creo que sí... ¿Lo ve? Invariablemente
en mi cabeza aparecen las lecturas o las imágenes que me han simpatizado. KH:
¿Esas palabras de Pessoa están relacionadas con su fotografía?
Q: No lo sé... Es posible, claro... Como también
es posible que un estudioso de Croce vea mis fotografías desde
su mirada de estudioso de Croce, y en consecuencia mi fotografía
tendría un trasfondo apropósito de Croce... Creo que en forma
inconsciente cada una de mis imágenes posee ciertos rasgos moldeados
por lo que voy aprendiendo, pero como le dije antes, mi expresión
se plasma a partir de un impulso, de un deseo que es saciado
en el invento de una imagen. Acepto que se observe en mis imágenes
determinados conceptos, pero también sería mezquino y estúpido
circunscribir mis fotos a una idea, por muy interesante o no
que pueda resultar... Por ejemplo la foto de la cucaracha que
a usted tanto le gustó la realicé de la manera más azarosa:
Estaba leyendo un libro de (Octavio) Paz, fui al baño y dejé
el libro abierto, y al regresar encuentro una cucaracha caminando
sobre el escritorio, voy directo a matarla, la cucaracha corre,
estiro la mano y la mato justo sobre aquella página llena de
palabras tan sugerentes; lo único que hice fue adecuar la luz
y disparar mi cámara. Pero volviendo a lo que le decía, creo
que la expresión, sea en imágenes, en palabras, o sonidos, es
la concentración de una multiplicidad de elementos, siquiera
es una totalidad, sino más bien es algo que tiende a conseguir
armonía ...
KH: Una conjunción de elementos diferentes y simultáneos,
aunque acordes. Q: Exactamente. Esa es la definición de la
música que no daña los oídos, sino que los despierta. (...)
KH: ¿La fotografía es para usted no más que un conjunto de
herramientas? Q: Sin dudas... Y creo que nunca me cansaré
de buscarles nuevos usos. Creo que es aplicable a cualquier modo de expresión
la frase aquella sobre las palabras que decía que el lenguaje es un caja de
herramientas..., de nosotros depende su uso, su sentido, y su existencia. (*)
KREK HIDAS. Nació en Groenlandia en junio de 1943, y a temprana edad fue a vivir
a Argentina para luego mudarse a España. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad
Complutense de Madrid, y cursó Lingüística y Semiología en la Soborna. Hace reportajes
freelance para periódicos en todo el mundo, y próximamente el sello editorial
Planeta publicará su libro "Memorias de un filósofo onanista". Actualmente
reside en Algarve, provincia de Portugal.
Para
contactarse con QNLEO : qnleo@usa.net
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